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7. Computación y antiguas filosofías.
En la filosofía
hermética de Egipto y Grecia [6] se decía que "el universo es
mental"; es decir, los objetos y fenómenos que existen son todo aquéllo
que podemos percibir, abstraer, de ellos. Gran parte de tales abstracciones son
expresables mediante lenguajes formales, como las funciones computables; así
que podríamos especular que una parte importante del universo es computable y,
por lo tanto, establecible en modelos como las MT. Una buena pregunta sería: ¿cómo
hacer que una MT tome consciencia de que posee tales abstracciones? Quizá un
camino estaría sugerido por otro principio hermético: el principio del género
mental, según el cual la consciencia está compuesta en realidad por dos mentes
que se comunican entre sí. Se trataría de una mente que "habla" y
otra que "escucha", encapsuladas en un cierto
"empaquetamiento"
Aparentemente,
no existe relación entre la capacidad de computar y la posesión de una
consciencia, entendida ésta última como la posibilidad de percibir y
autopercibirse. En otras palabras, la computabilidad sola no puede generar
consciencia; pero, ¿necesita la consciencia tener capacidad de computar, además
de otras capacidades, para ser consciencia? ¿Es indispensable que un ser
consciente tenga capacidad de computar?
Finalmente,
la antigua filosofía hermética le da un significado interesante a la palabra
espíritu, considerándolo, al igual que muchas religiones, como una energía
viviente, una fuerza animada, un poder viviente que actúa a través de un medio
que lo aloja. Bajo este punto de vista podría encontrarse una ciertea semejanza
con conceptos aparentemente más "científicos", como programa de
computadora y código genético. ¿Hasta qué punto el programa de computadora y
el código genético constituyen formas potenciales de energía viviente, de
fuerza animadora? ¿Hasta qué punto son semejantes los conceptos de programa de
computadora y espíritu? Después de todo, tal vez no sería tan exagerado decir
que un programa es una extensión del pensamiento humano, y quizá de su espíritu.
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